El territorio de Bizkaia, históricamente pobre para la agricultura, ha reunido, en cambio, los ingredientes necesarios para un temprano desarrollo de la metalurgia. Un suelo rico en mineral de hierro y una orografía montañosa, caracterizada por la presencia de ríos cortos, pero caudalosos y poblada de extensos bosques de hayas y robles, son los elementos que han propiciado esta vocación secular.
Como ya hemos visto anteriormente, dentro de este panorama milenario, las ferrerías hidráulicas fueron las protagonistas, al menos desde el siglo XIV hasta su definitivo declive, ya dentro del siglo XIX. En su momento de mayor esplendor, a mediados del XVI, se calcula que solo en Bizkaia y Gipuzkoa habría unas 300 instalaciones de este tipo, lo que, probablemente constituía la mayor concentración de Europa.
Un recurso patrimonial al alcance de todos
A diferencia de la actividad siderúrgica moderna, mucho más concentrada, las ferrerías se diseminaban de manera bastante uniforme a lo largo de las cuencas fluviales, es decir, por todo el territorio. Esta dispersión geográfica, su misma robustez constructiva, junto con su ubicación tradicional en entornos rurales recónditos, han explicado que un buen número de vestigios de aquel pasado hayan llegado hasta nuestros días. Dos siglos de abandono y desinterés general no han conseguido borrar su presencia.
Hoy día, encontrarse en cualquier recodo de un río con las ruinas de un complejo de este tipo, con su presa, su canal hidráulico, sus carboneras… a veces acompañados por la casa torre del linaje propietario… suponen un hallazgo que otorga un punto de romanticismo a nuestras rutas de senderismo.
Presas
Asociadas a ferrerías, a molinos o a otro tipo de instalaciones preindustriales, las presas son el elemento arquitectónico que mejor ha sobrevivido al paso del tiempo. Un estudio promovido en 1990 por el Departamento de Cultura de la Diputación Foral de Bizkaia, permitió inventariar 172 presas solo en este territorio. Su tipología es variada. Existen presas rectas, de arco o con contrafuertes, también modelos mixtos y dentro de todos ellos, las presas pueden ser de gravedad o no… También varían en cuanto a los materiales de construcción: las hay de sillería, de mampostería, de hormigón…
Por su calidad constructiva, proporciones e interés estético destacan las presas de arco y contrafuertes proyectadas por Pedro Bernardo Villarreal de Bérriz. Fue éste un miembro de la nobleza vasca que vivió a caballo entre los siglos XVII y XVIII. Su vocación por el estudio de las matemáticas y su sentido práctico lo convirtieron en un auténtico precursor del espíritu de la Ilustración. Su obra Máquinas hidráulicas de molinos y herrerías y govierno de los árboles y montes de Vizcaya (1736), tuvo una gran influencia en la ingeniería del siglo XVIII.
Él mismo poseía los derechos sobre varias ferrerías y molinos y, además, administraba los derechos heredados por su mujer, lo que le permitió poner en práctica sus conocimientos, proyectando y construyendo algunas de las presas más espectaculares de nuestro entorno. Son buenos ejemplos las presas de Errotabarri (Gizaburuaga) y la de Lariz-Olaeta, en aguas del Lea. En la cuenca del Artibai aún se conservan las presas de Ansotegi (Etxebarria) y la de Barroeta u Oxilloin (Markina) y, en la cuenca del Ibaizabal, la de Bedia.
Ferrerías que resisten al tiempo
En la actualidad es difícil hallar vestigios de ferrerías que conserven elementos suficientes para una correcta interpretación. La inmensa mayoría de los conjuntos, sencillamente, han desaparecido, siendo ya materia de estudio para la arqueología. Sin embargo, en algunos pocos casos en que las ferrerías consiguieron adaptar su actividad y sostenerse más años, sus ruinas actuales aún nos permiten acercarnos al pasado. Vamos a destacar algunos ejemplos que, por su capacidad evocadora, merecen sin duda la visita.
En Zalla, a orillas del Kadagua, podemos visitar el conjunto monumental de Bolumburu, hoy convertido en área recreativa. El complejo está formado por las ruinas de las ferrerías, un antiguo molino, la ermita de Santa Ana (año 1610) y por la casa-torre de Bolunburu. No muy lejos, en este mismo municipio, se encuentra, aunque muy abandonado, el conjunto de La Mella, formado por la ermita de San Antonio, el palacio de Urrutia, la torre de Terreros, dos ferrerías, un molino y varias viviendas.
Aunque del complejo de Anuntzibai, en Orozko, como elemento característico de la ferrería solo quedan las ruinas de las carboneras, merece la visita para conocer el espectacular puente que unía las instalaciones ferronas con la vieja casa torre del linaje (hoy palacio de Anuncibai). Es una obra del siglo XVIII en la que destaca la presencia de un monumental arco triunfal.
Especialmente interesante es la visita al complejo de Bengolea, en Gizaburuaga, vinculado a Pedro Bernardo Villarreal de Berriz. Se trata de una gran ferrería doble formada por una enorme carbonera, varios espacios para la recogida del mineral, tres molinos de harina, un embalse y un puente con dos ojos. Fue, sin duda, una de las ferrerías más complejas de Euskal Herria.
Un ejemplo de recuperación: El Pobal
La ferrería de El Pobal, en Muzkiz, es un ejemplo puntero de recuperación del patrimonio con fines interpretativos y educativos. Fue construida a comienzos del siglo XVI por el linaje banderizo de los Salazar, aunque su época de mayor esplendor empezaría a finales del siglo XVII, cuando se amplió el taller y se reconstruyeron la presa, el canal, la antepara y el túnel hidráulico. El complejo productivo lo completaban la vivienda de los ferrones, que en origen tenía el aspecto de una casa torre, un molino y un horno de pan.
En activo ininterrumpidamente hasta 1965, esta capacidad de sobrevivir explica que haya conservado unas condiciones adecuadas para su puesta en valor. Una vez recuperada, fue abierta al público el año 2004, funcionando desde entonces como un museo vivo en el que los visitantes pueden ver en funcionamiento las dos actividades preindustriales más importantes de Bizkaia: la fabricación del hierro y la molinería.
Las ferrerías forman parte de un legado histórico único que aún pervive en el paisaje y la cultura de nuestro territorio. Recorrer sus restos es una invitación a descubrir la huella de siglos de trabajo y tradición, conectando con un pasado que sigue vivo en cada piedra, cada río y cada sendero.


