El periodo estival es, tradicionalmente, el momento elegido por muchas fundiciones para acometer paradas programadas, revisiones generales y obras de mayor calado. Una correcta planificación de estas intervenciones es clave para garantizar un arranque fiable en otoño, minimizar riesgos operativos y optimizar la vida útil de los equipos.
Aunque el mantenimiento mecánico y eléctrico es imprescindible, los revestimientos refractarios merecen una atención especial: de su estado depende directamente la seguridad, la eficiencia térmica y la disponibilidad de hornos, cucharas y canales.

 

1. Evaluación previa: diagnóstico antes de intervenir
Antes de definir el alcance de las obras de verano, es fundamental realizar un diagnóstico técnico detallado del estado de los refractarios. Este análisis debe incluir:

  • Inspecciones visuales tras la parada del equipo.
  • Medición de desgastes, corrosión química y ataques por escoria o metal.
  • Identificación de fisuras, desconchados o zonas con pérdida de aislamiento.
  • Revisión del historial de campañas, consumos y reparaciones anteriores.
    Un diagnóstico riguroso permite diferenciar entre reparaciones puntuales, revestidos parciales o revestidos completos, evitando intervenciones innecesarias o, por el contrario, insuficientes.

 

2. Definición del alcance técnico y selección de materiales
Cada fundición tiene condiciones de trabajo específicas: tipo de metal, temperaturas, ciclos térmicos, atmósfera, tiempos de campaña. Por ello, la planificación de verano es el momento idóneo para:

  • Revisar si los materiales refractarios actuales son los más adecuados.
  • Introducir mejoras en calidades, formulaciones o diseños constructivos.
  • Adaptar los revestimientos a cambios en el proceso productivo.

La selección correcta del refractario no debe basarse únicamente en el coste inicial, sino en su rendimiento en servicio, facilidad de instalación y comportamiento frente a paradas y arranques.

 

3. Coordinación de plazos y recursos
Las intervenciones en refractarios suelen ser críticas en el calendario de la parada. Para evitar retrasos:

  • Es imprescindible asegurar la disponibilidad de materiales con antelación.
  • Definir claramente los tiempos de demolición, preparación de soportes, instalación, secado y puesta en temperatura.
  • Coordinar los trabajos refractarios con otras disciplinas (mecánica, estructuras, instrumentación).
  • Una planificación realista debe contemplar los tiempos de curado y secado, que no deberían acortarse sin un análisis técnico riguroso, ya que comprometerían la durabilidad del revestimiento.

 

4. Control de la instalación y calidad de ejecución
La calidad final de un revestimiento refractario depende tanto del material como de su correcta instalación. Durante las obras de verano es recomendable:

  • Supervisar las condiciones de aplicación (temperatura ambiente, humedad, mezclado).
  • Verificar espesores, juntas y anclajes.
  • Documentar las fases críticas del trabajo.
    Un control adecuado reduce significativamente el riesgo de fallos prematuros durante la campaña.

 

5. Arranque controlado y seguimiento posterior
La planificación no termina con la finalización de la obra. El primer calentamiento del equipo es una fase crítica:

  • Debe seguir curvas de secado y calentamiento definidas.
  • Es aconsejable contar con asistencia técnica especializada.

El seguimiento de los primeros ciclos permite detectar comportamientos anómalos a tiempo. Además, registrar datos de consumo, desgaste y rendimiento facilitará la planificación de futuras paradas.

 

A modo de conclusión
Las obras de verano representan una oportunidad estratégica para mejorar la fiabilidad y eficiencia de las instalaciones de fundición. Una planificación técnica adecuada de las intervenciones en revestimientos refractarios no solo prolonga la vida de los equipos, sino que contribuye directamente a la seguridad y competitividad de la planta. En este contexto, contar con un socio especializado, como Insertec, y con experiencia contrastada marca la diferencia.