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Pasado, presente y futuro de un enclave industrial

Desde al menos la época romana, la historia del País Vasco ha estado estrechamente vinculada al hierro. Humildes haizeolak de monte, ruidosas ferrerías hidráulicas o, más modernamente, inmensas industrias siderúrgicas, han ido modelando nuestro paisaje.

La revolución industrial trajo a nuestro territorio grandes oportunidades de desarrollo, pero también, pasado el tiempo, el agotamiento de los recursos mineros y, de rebote, el cierre de buena parte de las instalaciones industriales vinculadas a la transformación del mineral.

En este artículo vamos a hablar, sin embargo, de un espacio industrial que sí ha sobrevivido a las diferentes coyunturas durante más de 150 años, reinventándose cuando ha sido necesario, pero sin olvidar su pasado vinculado a la metalurgia. Un espacio y unas instalaciones industriales que han sido testigos directos de la época de mayor esplendor de la industria vasca y que, en la actualidad, vuelven a tener un futuro de la mano de INSERTEC.

Los orígenes: Pradera Hermanos
Esta larga trayectoria tuvo su origen en la iniciativa de los hermanos Juan Benito y Gregorio Pradera Maguregui, quienes establecieron, en 1838, un modesto taller de fundición en el barrio de Arkotxa, en Zaratamo.

Utilizando el cobre proveniente de las minas de Arrazola y aprovechando la fuerza hidráulica del río Ibaizabal, comenzaron a fabricar productos de metal no férrico, como chapas y barras de latón. Este taller marcó el inicio de una empresa que se convertiría en una de las más importantes de Bizkaia. Algo después, en 1856, el taller se convirtió en una fábrica, tras obtener la licencia del Ayuntamiento de Galdakao para edificar en la jurisdicción de Zaratamo.

Durante la segunda mitad del siglo XIX, la empresa continuó expandiéndose y diversificando sus operaciones. Fabricaban calderas de cobre para barcos y tuberías, así como tornillería para RENFE y para la red ferroviaria francesa durante la Primera Guerra Mundial. Estos contratos llevaron a la empresa a obtener considerables beneficios y a consolidarse como un actor importante en el sector industrial de la época.

La empresa mantuvo su relevancia en la región durante la primera mitad del siglo XX, expandiéndose hacia Basauri en los años 30. Sin embargo, y a pesar de su larga historia de éxito, Pradera Hermanos comenzó a enfrentar dificultades en la segunda mitad del citado siglo. En la década de 1970, cerró sus puertas temporalmente y posteriormente fue absorbida por Ibercobre, integrándose en la Sociedad Española de Construcciones Electromecánicas (SECEM).

Durante los años siguientes, Pradera Hermanos siguió experimentando reestructuraciones y cambios de propiedad. En 1989, la empresa pasó a llamarse Outokumpu Copper, después de ser adquirida por la multinacional finlandesa Outokumpu. Sin embargo, a pesar de estos esfuerzos por revitalizarla, continuó con problemas financieros y laborales. En 2009, después de años de lucha, la empresa finalmente cerró sus puertas.

A lo largo de su historia, Pradera Hermanos dejó un legado significativo en la industria del cobre en la región, pero su eventual desaparición marcó el fin de una era. A pesar de los desafíos y obstáculos que enfrentó, su historia sigue siendo recordada como un ejemplo de la importancia del trabajo duro, la innovación y la adaptabilidad en el mundo empresarial.

Regreso a la actividad
El cierre de Outokumpu, sucesora de la icónica Pradera Hermanos, que en su apogeo empleaba a más de 1.200 trabajadores en la producción de cobre, fue un duro golpe. Su clausura y la de otras industrias vecinas por esos mismos años, dejó una extensión de casi un kilómetro de línea recta de ruinas industriales y pabellones vacíos, un espacio desolado, casi apocalíptico, ubicado entre Arkotxa y la factoría de Bridgestone en Basauri.

No obstante, la liquidación de la empresa abrió la puerta a un potencial renacimiento económico en la zona. Así, en el año 2014, INSERTEC y Wandpi Inversiones y Proyectos adquirieron esta inmensa extensión para sus respectivos proyectos empresariales, avivando la esperanza de una revitalización económica local.

Tras la lógica remodelación y adaptación de espacios a los nuevos usos, INSERTEC ocupa, desde 2017, buena parte de las antiguas instalaciones de la histórica Pradera Hermanos, de la que ha tomado el testigo de una larga tradición industrial vasca ligada a la metalurgia. La iniciativa ha supuesto unificar la actividad de la empresa, hasta ese momento dispersa por diferentes localizaciones del territorio vizcaíno. El objetivo ha sido, por una parte, racionalizar y mejorar procesos de trabajo, pero también, y puede que incluso más importante, demostrar el compromiso de INSERTEC con nuestro territorio y con la tradición local, además de apostar por el potencial de estas instalaciones para albergar nuevas oportunidades industriales.

En resumen, el regreso de la actividad industrial a Pradera Hermanos ofrece esperanza para el futuro de este histórico enclave industrial y representa un renacer para una comunidad que ha sido golpeada por la crisis del sector del metal de los últimos tiempos.